Investigaciones sobre el efecto de la luz y los colores

Los receptores de la luz están en todo el cerebro, no solamente en los ojos, porque somos adictos a los colores. Su ausencia nos produce sensación de peligro y estrés. Con mayor cantidad de luz sentimos la motivación para hacer más cosas.

La luz azul produce alerta relajada, produciendo mejoras en la memoria y el aprendizaje.

Si bien hasta ahora se sabía que la luz solar influye, por ejemplo, en la producción de serotonina —la "hormona del placer" y responsable de la mayor sensación de bienestar y relajo que sentimos al inicio de la última parte del año—, los expertos están descifrando mecanismos que muestran que el cerebro es casi adicto a los rayos solares.

Uno de los antecedentes más concretos fue descubierto en un estudio de la U. de Oulu, en Finlandia. Los autores analizaron 18 áreas del cerebro, detectando en todas ellas la presencia de la proteína OPN3, conocido fotorreceptor que hasta ahora nunca había sido localizado fuera de los ojos. Más revelador aún es el hecho de que las zonas donde se halló este compuesto incluyen regiones clave que regulan la serotonina, hormona vital en el buen humor. De la misma forma, reduciría la producción de melatonina, hormona que se produce en condiciones de oscuridad y que induce la somnolencia invernal.

Un reporte del Hospital Brigham and Women's (EE.UU.) mostró que la luz intensa y constante retrasa la liberación de melatonina hasta 90 minutos, lo que explica esa necesidad casi irrefrenable de postergar la hora de acostarse.

Los resultados del test finlandés, dicen los autores, muestran que el cerebro es sumamente fotosensible, ya que las proteínas fotorreceptoras son conocidas por captar estímulos lumínicos y convertirlos en señales neuronales. Seppo Saarela, director del departamento de biología de la U. de Oulu y autor del reporte, explicó que "es conocido que en criaturas como los reptiles hay áreas cerebrales fotosensibles; de hecho, su cráneo es lo suficientemente delgado como para permitir que los fotones penetren hacia el cerebro".

El experto agrega que por esto la glándula pineal —encargada de producir melatonina— se ubica en la superficie del cerebro de reptiles y aves. "Considerando la evolución animal, no es raro que existan proteínas fotosensibles en áreas no retinales del cerebro humano", agrega Saarela. Aunque el experto señala que faltan evidencias para probar una reacción directa similar a la que se da en los animales, sí señala que es revelador que la OPN3 exista en zonas clave ligadas a la seratonina y la melatonina. Además, señala que esto valida el uso de una serie de dispositivos similares a MP3 y cuyos audífonos no emiten audio, sino ondas de luz que llegan directo al cerebro y permiten tratar bajas de ánimo o problemas como jetlag.

La razón es que, además, casi 90% de la vitamina D del cuerpo se obtiene de la exposición a rayos solares. ¿Su papel? No sólo refuerza el sistema inmune —por lo que nos vemos menos susceptibles a males invernales como la influenza—, sino que mejora la musculatura y el funcionamiento de las vías respiratorias. Todos, factores que estimulan la necesidad de aprovechar el sol extra al aire libre.

La respuesta que genera la luz en el cerebro es casi inevitable. Este fue el resultado de un informe de la U. de Texas (EE.UU.), que estableció que los rayos Ultra Violetas (UV) —cuya acción se hace más evidente con la llegada de la primavera— genera la misma reacción de la adicción a drogas o alcohol. Al analizar a usuarios de camas de bronceado, se detectó que bastan 10 minutos de exposición para activar la corteza orbitofrontal y el estriado dorsal, regiones que tienen un rol importante en la recompensa y refuerzo de estímulos.

Incluso, esto explicaría por qué ciertas personas se vuelven adictas al bronceado, tanto al aire libre como en centros especializados. Precisamente, con la mayor cantidad de luz el cerebro siente la necesidad de hacer más cosas y no le basta con pasar la tarde sentado frente al televisor.

La explicación, según expertos de la U. de Ginebra (Suiza), la luz azul que integra el espectro visible que apreciamos a diario se reduce al mínimo en invierno y se eleva en primavera y verano. Su rol no es activar los centros visuales del cerebro, sino que afinar los ciclos de sueño y suprimir la melatonina. Incluso, un test de la U. de Basel (Alemania) mostró que la exposición a la luz azul es responsable de la mayor alerta que sentimos: los sujetos mostraron mejores resultados en tests de memoria y aprendizaje.

Otros científicos han ahondado más en la influencia de la luz, descifrando cómo es que la luz regula el miedo, la ansiedad y reacciones similares. En pruebas con ratones, animales netamente nocturnos, expertos de la U. de Virginia (EE.UU.) comprobaron que la luz intensa en ellos resalta el miedo y la ansiedad, de forma casi idéntica a como la oscuridad intensifica esas sensaciones en criaturas diurnas, como los humanos.

Los expertos usaron ratones expuestos a un sonido de un minuto seguido, de un golpe eléctrico de mediana intensidad. Así, aprendieron a asociar ambos factores y se condicionaron a agacharse y permanecer inmóviles cuando oían el sonido, tal como ocurre cuando aparece un depredador. Al intensificar la luz ambiental, los roedores mostraban un pavor mucho mayor, reacción que se explica porque en un hábitat natural y siendo criaturas nocturnas, enfrentar un depredador a plena luz facilita la detección.

Los autores señalan que por miles de años los humanos aprendieron la misma reacción, pero a la inversa, ya que al ser diurnos la oscuridad implica amenaza. Esto explicaría por qué los meses invernales generan más ansiedad y baja del ánimo y, a la vez, el hecho de que la primera revierta este cuadro.

Incluso, en los ratones se detectó que el circuito clave para esta reacción a la luz opera en las células retinales encargadas de la formación de imágenes. Daniel Warthen, coautor del reporte, dijo que esto muestra que la luz es clave para combatir los cuadros depresivos humanos, aunque falta descifrar más detalles. "Es probable que una de las áreas cerebrales afectadas sea la amígdala, que regula el miedo. Otra es la gris periaqueductal, que modula la reacción de paralizarse. Ambas se ven influenciadas por la melanopsina, un pigmento fotorreceptor que opera en las células de la retina; pero debemos seguir investigando".

Hay dos maneras de aprender más sobre el impacto de los colores en nuestra vida. Editorial Círculo Aleph dispone del libro "El Color en su Vida" en versión digital, descargable y fácilmente leíble en cualquier dispositivo: www.circuloaleph.com/editorial/color.htm. Si vive en Santiago de Chile, Sergio Valdivia realiza personalmente un curso de Cromoterapia y cómo usar los colores a favor en la vida: www.circuloaleph.com/instituto/cromoterapia.htm

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